Leyendas de la perseverancia. Un brillante futuro

Chapter III: A brand new world

 De sobras es conocido por todos lo que dio de sí uno de los draft más provechosos de la historia de la NBA -o al menos de estas últimas décadas- el del año 2003. Mucho talento individual: LeBron James, Dwyane Wade, Chris Bosh, Carmelo Anthony... y bueno, también Darko Milicic. Pero junto a todos ellos salía también elegido muy alto un pívot de raza blanca, sólidos atributos en la zona, duro en el rebote y de ascendencia germana del que muy poca gente sabía de él. Chris Kaman lideró a la universidad de Central Michigan durante tres temporadas antes de dar ese salto esperado a la NBA. Jugador del Año de su conferencia y también nombrado Mejor Defensor, aupando a los Chippewas a su primera aparición en el NCAA Tournament desde 1987. Pese a sus buenos fundamentos, no es un jugador que destacase especialmente en la liga universitaria, y menos aún en una universidad tan pequeña, pero L.A. Clippers no dudaron en gastar en él su sexta elección de dicho draft para elegirlo. Y no hicieron mal.



Uno de los estandartes de los Sacramento Kings estas últimas temporadas, Jason Thompson, tuvo que ganarse su respeto baloncestístico desde su propia universidad hasta que acabó siendo reconocido a nivel nacional gracias a sus grandes actuaciones individuales para la universidad de Rider, una pequeña escuela privada del estado de New Jersey cuya aportación en cuestiones deportivas se centran estos últimos años sobretodo en béisbol. De hecho, Thompson ha sido el más notable alumno de su universidad en la historia del programa de baloncesto de los Broncs. Durante sus cuatro temporadas defendiendo la camiseta de su universidad, Thompson se convirtió en su año senior en el segundo máximo reboteador de toda la competición, solo por detrás de Michael Beasley, así como entre los 30 mejores jugadores de la NCAA de ese mismo año en cuanto a anotación y tapones. Fue Jugador del Año de su conferencia durante dos años consecutivos, Defensor del Año también durante dos temporadas seguidas y el primer jugador en los últimos 15 años en sumar al menos tres partidos de 20 puntos y 20 rebotes en una misma temporada. Un auténtico mito de su universidad, donde su camiseta fue retirada apenas dos años después de graduarse. Su hermano Ryan siguió sus pasos liderando a los Broncs en los años siguientes a su partida en la NBA, cuajando incluso buenas actuaciones, pero no logró ingresar en la NBA junto a su hermano mayor.

 Lejos de su máximo nivel histórico, la universidad de Western Kentucky volvió a la plana nacional hace unos pocos años gracias a un eléctrico y poderoso escolta que enseñó que no sólo en Louisville y en Lexington se respira baloncesto en el estado de Kentucky. Máximo anotador histórico de la universidad, jugador que más minutos ha vestido en la historia la elástica de los Hiltoppers, Player of the Year de su conferencia y tres veces nombrado en el mejor quinteto de su conferencia, Courtney Lee dejaba el pabellón de su humilde universidad bien alto. Fue capaz de llevar a su equipo a Sweet Sixteen en 2008, mejor posición del equipo desde hacía quince años, lo que le valió el reconocimiento de ser seleccionado en primera ronda del draft de rookies de 2008, aunque los Orlando Magic únicamente le aprovecharon durante su temporada rookie.

Un camino no muy diferente tuvieron que recorrer otros jugadores que hasta el momento llevan sólidas carreras NBA pero que comenzaron destacando en algunas de las conferencias más humildes de la primera división de la NCAA. La universidad de Western Carolina jamás había logrado colocar a ninguno de sus atletas en una primera ronda de ninguna competición profesional de algún deporte. Es más, solamente él y otro jugador de baloncesto de la Southern Conference había sido seleccionado en un draft de rookies en los últimos 45 años. El estado de North Carolina siempre se ha caracterizado por ser una de las zonas estadounidense donde el deporte es santo y seña a nivel colegial como profesional, y el número de universidades en la zona es también bastante prominente, pero los Catamounts nunca han destacado especialmente en el campo del baloncesto en toda su historia.  Kevin Martin llevó el nombre de su equipo a oídos de todo el país gracias a sus brillantes actuaciones durante tres temporadas en el equipo, siendo a nivel individual el líder histórico en anotación desde que están en la Division I (unos 35 años), segundo máximo anotador nacional en su año junior y estando siempre en los mejores quintetos ideales de su conferencia durante sus tres años como universitario. Una suerte similar corrió el actual ala-pívot de Utah Jazz Paul Millsap, quien necesitó ser el líder absoluto de su universidad, Louisiana Tech, durante sus tres años en la universidad para ganarse un puesto en el draft de rookies. Millsap ha sido el único jugador en la historia de la NCAA en liderar la clasificación de rebotes a nivel nacional durante tres años consecutivos, y un habitual de los dobles-dobles cada jornada en la NCAA. Su dominio en la WAC llegó a ser tan aplastante en la pintura que incluso se le llegó a comparar con la gran leyenda de estos Bulldogs, Karl Malone, aunque a diferencia de éste no fue capaz de llevar al NCAA Tournament a su equipo.

En el estado de Nevada siempre se ha respirado buen baloncesto, sobretodo a costa de los Runnin' Rebels de la universidad de Nevada-Las Vegas, y siempre se ha menospreciado estos últimos años el trabajo realizado en Reno por los Wolfpack de la universidad de Nevada. Estos últimos años, los de Reno han sumado un buen número de jugadores a la NBA en estos últimos ocho años, aunque a nivel colectivo nunca han llegado a pasar más allá de Sweet Sixteen en toda su historia. Nick Fazekas ha sido el más destacados de ellos a nivel universitario, liderando ya al equipo desde su temporada freshman al NCAA Tournament, algo que repitió también durante sus otros tres años en la NCAA, convirtiéndose también en el máximo anotador histórico del programa. Su travesía profesional, sin embargo, no está siendo tan exitosa. Buena carrera universitaria también para Ramon Sessions, destacando en labores de anotación y de robo de balones y convirtiéndose en el segundo jugador en la historia de la universidad en asistencias. Fue nominado al Bob Cousy Award como mejor base universitario del año. Más talento y condiciones para el baloncesto disponían dos de los grandes recruits de los Wolfpack en su historia: Luke Babbitt y JaVale McGee, pero que acabaron ambos cegados por saltar precipitadamente a la NBA pese a que pudieron liderar a su universidad a cotas mucho más altas. Si ya hemos comentado anteriormente dos de los grandes núcleos estatales en los Estados Unidos en donde el baloncesto es casi una forma de vida, no podemos olvidarnos de lo que significa también este deporte para el estado de Indiana, uno de los estados más prolíficos a nivel universitario y de instituto de todo el país.

Entre tanta maraña de programas universitarios de primerísimo nivel, surgió en 2010 la leyenda de la cenicienta. Enclavada en la propia Indianapolis, la universidad de Butler surgió prácticamente de la nada, y encabezada por el talentoso Gordon Hayward y de un jovencísimo entrenador llamado Brad Stevens se plantaron en toda una final de la NCAA a base de talento y pundonor. Mientras estudiaba ingeniería informática, Hayward ya empezaba a destacar a nivel nacional de una manera asombrosa con su equipo, lo que le llevó incluso a ser seleccionado para formar parte en el FIBA U19 Championship de 2009, donde acabó ganando la medalla de oro. A partir de ese momento, todo iba a ser cuesta arriba. Firme candidato durante su último año en los Bulldogs a los Wooden y Naismith Awards, Player of the Year de la Horizon League y el reconocimiento nacional e internacional que supuso dejar contra las cuerdas a la mismísima universidad de Duke. Y mucho más que pudo haber sido si ese último triple hubiese entrado. Sus compañeros volvieron a tirar de heroica un año más tarde y se volvieron a plantar en la finalísima de la NCAA por segundo año consecutivo, pero esta vez fueron los UConn Huskies los que no dieron su brazo a torcer.

Algunos jugadores rookies esta pasada temporada demostraron carácter ganador y competitivo pese a provenir de programas de baloncesto no tan laureados; casos como la casta, entrega y lucha de Kenneth Faried tras un ciclo completo en Morehead State o el poderío anotador y eléctrico de Norris Cole desde Cleveland State, proclamado además reciente campeón de la NBA. Este próximo curso hay una buena hornada de candidatos que perfectamente podrían entrar en estas listas como Damian Lillard, Andrew Nicholson, Orlando Johnson o Kyle O'Quinn. Son muchos jugadores y muchas historias detrás de cada uno de ellos, todos ellos con su objetivo y su sueño ya logrado. Todos ellos se han convertido ya en leyendas, leyendas de la perseverancia.

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