El efecto Withey

Los Kansas Jayhawks lograron esta pasada madrugada una nueva presencia en la finalísima de la NCAA después de batir -un tanto contra pronóstico- a los Buckeyes de Ohio State, en un encuentro muy atractivo y con unos minutos finales no apto para cardíacos. De esta manera, los de Lawrence vuelven a optar a un título nacional universitario desde 2008, donde Mario Chalmers con un triple que será recordado para siempre le daba a Kansas su tercer campeonato en su historia.

De esta manera, Bill Self demuestra que la ausencia este año de los gemelos Morris no ha supuesto un paso atrás en su programa y en sus aspiraciones, tal como se anunciaba en los primeros rankings preseason el pasado verano. Thomas Robinson ha sabido asumir el rol de líder de este nuevo y joven equipo, y de no ser por la sorprendente temporada de Anthony Davis sería el protagonista de la mayor parte de los premios de final de temporada otorgados esta temporada en la NCAA, mientras que a Tyshawn Taylor le han dado también la oportunidad este año de dirigir al equipo, siendo el principal referente exterior del mismo y siendo pieza fundamental en la mayoría de triunfos cosechados por los de Lawrence este año.

Sin embargo, más allá de las brillantes actuaciones de Robinson y Taylor durante todo el año universitario hay que sumarle el trabajo y la voluntad de un jugador que ha sido clave esta temporada y en este último encuentro de Final Four ante Ohio State, sin el cual probablemente Kansas no habría podido llegar a donde está actualmente: Jeff Withey.

Este pívot californiano de raza blanca fue considerado uno de los mejores jugadores de su promoción del 2008, siendo uno de los jugadores más destacados de la costa oeste durante su etapa de instituto promediando casi un triple-doble de media por partido durante su último año de instituto (20.8 puntos, 13 rebotes y 7.3 tapones) en el Horizon High School de San Diego y donde programas de todo el país querían contar con un jugador de su calibre, no sólo por su estatura, grandes brazos y fuertes fundamentos defensivos, sino también por ser un chico muy sólido y centrado mentalmente para alguien de su edad. Rick Pitino fue el primero en fijarse en el chico y anticiparse enseguida para ofrecerle la posibilidad de jugar para los Louisville Cardinals, algo a lo que Withey aceptó inicialmente pero que finalmente declinó, re-abriendo su reclutamiento y eligiendo jugar finalmente para los Wildcats de la universidad de Arizona para estar así más cerca de su familia y amigos.

Pese a ello, la marcha de Lute Olson de los Wildcats ese mismo verano no sentó nada bien al jugador, por lo que decidió pedir el transfer de universidad antes de comenzar la temporada hacia otra escuela que pudiese tener serias opciones de luchar por algo importante durante su trayectoria universitaria, algo que también harían compañeros suyos de promoción como Brandon Jennings -que se marcharía finalmente a Italia- o Emmanuel Negedu. Tras varias denegaciones por parte de la propia universidad para concederle dicho transfer, el jugador decidió pedir el transfer finalmente a la universidad de Kansas, tras estar pensando también muy seriamente la opción de enrolarse en los Texas Longhorns.

Tras su primer año en blanco con motivo del transfer Withey comenzó su trayectoria en los Jayhawks en 2009, donde apenas gozó de oportunidades dado que el puesto de pívot titular estaba garantizado para Cole Aldrich, un jugador mucho más experimentado que él y de características muy similares. Apenas promedió tres minutos de media por partido en un rol muy marginal en el equipo, llegando a topes de 12 minutos y 8 puntos en un encuentro ante Iowa State. Su año sophomore no cambió en exceso la disposición de Withey en los Jayhawks, pese a la marcha de Aldrich a la NBA, ya que los gemelos Marcus y Markieff Morris prácticamente se adueñaban de todos los minutos importantes en las posiciones zonales del equipo, saliendo además desde la segunda unidad un joven Thomas Robinson que ya comenzaba a apuntar maneras y que también le restaba muchos minutos a Withey. Su media de minutos pasó de 3 a 6 durante este pasado año, aunque llegó a sumar una titularidad, pero poco había cambiado su status en el equipo desde que decidió pedir el transfer desde Arizona.

Su gran oportunidad le ha llegado esta temporada tras la prematura marcha de los hermanos Morris, siendo en su año junior un fijo en los esquemas de Bill Self y mostrando de una vez por todas por qué era considerado uno de los jugadores a seguir en su etapa de instituto. Junto a Thomas Robinson este año ha formado un dúo letal en la zona de los Jayhawks, haciendo olvidar por completo a los Morris, y la intimidación y facilidad para el tapón de Withey han salvado a Kansas de salir derrotados en decenas de partidos. Pese a su mermado juego ofensivo, Withey ha promediado este año más de 9 puntos por encuentro en sus casi 25 minutos de media, lo que le ha valido no sólo ser una pieza importante en el juego ofensivo y defensivo de su equipo (más de 6 rebotes y 3 tapones por encuentro este año de media) sino que su sola presencia en la zona permite generar muchos espacios a Thomas Robinson en ataque, mientras que en defensa es un portento intimidatorio y un auténtico maestro en el tapón, pese a que tampoco es un jugador especialmente sobrado a nivel físico. Sus topes este año han sido de 25 puntos ante Baylor -ante la pasividad defensiva de Perry Jones- 20 rebotes logrados ante Oklahoma State y los 10 tapones colocados recientemente a North Carolina State en Sweet Sixteen hace escasamente una semana. Precisamente en el Madness es donde está desplegando su mejor juego a nivel defensivo, promediando casi cinco tapones y medio por encuentro.

Esta pasada madrugada su segunda mitad fue esencial para la victoria final ante Ohio State sumando 8 rebotes y 7 tapones más, noqueando por completo a un Jared Sullinger totalmente inoperativo en ataque y colocando dos tapones vitales en los dos últimos minutos de partido que salvaron a su equipo de una posible remontada Buckeye en los instantes finales. Además, sus 7 tapones logrados anoche suponen también la mayor cantidad de tapones logrados en una semifinal de Final Four por un jugador.

Aún le queda un año de elegibilidad universitaria -y sobretodo una importantísima final por disputar ante Kentucky donde puede doctorarse ante Anthony Davis, o bien sufrir su furia- y es bastante probable que permanezca un año más aquí en Kansas, más aún contando la más que probable marcha de Robinson este año a la NBA. Quizás en la NBA pueda no estar su sitio a partir del próximo año, lo que podría suponer una pieza más que interesante para el baloncesto europeo en años venideros.

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