Leyendas de la perseverancia

Desde la creación de la NBA siempre ha existido numerosas maneras de acceder a la misma. Un acceso que para muchos era entonces algo utópico, impensable, en muchos casos incluso un caos. Futuros y prometedores jugadores que se pasaban los veranos enteros tirados en las miles de canchas callejeras que recorren toda la nación norteamericana con el propósito de buscar esa ardiente sensación que recorre todo tu cuerpo, buscando un reto cada vez mayor, buscando un rival que sacie ese sentimiento, con el fin de algún día pelear junto a los más grandes.

Este arraigado y particular sueño americano no siempre está al alcance de todos los chicos. Llama poderosamente la atención como en Estados Unidos -a diferencia de España, mismamente- el sistema educativo es la base fundamental de todo ciudadano estadounidense con unas aspiraciones profesionales medianamente solventes, indistintamente quieras ser deportista, actor o juez. Específicamente, centrándonos en el ámbito deportivo, es realmente interesante ver como todos -o la gran mayoría, para no generalizar tanto- de deportistas norteamericanos disponen de importantes estudios universitarios, dado que desde hace un tiempo es casi obligatorio para todo estadounidense el paso por el College para poder acceder a las grandes ligas deportivas del país.

Conocemos igualmente casos inverosímiles como los de Brandon Jennings, que se marchó a Italia tras jugar en la prestigiosa Oak Hill Academy (y dejando tirados a la universidad de Arizona, con quienes se había comprometido verbalmente) hasta cumplir los 19 años reglamentarios para jugar en la NBA. Algo similar sucedió con el también californiano Jeremy Tyler, el cual tras comprometerse con Rick Pitino en Louisville decidió anular su compromiso y marcharse a jugar a Israel, y posteriormente a la liga japonesa. Otro caso que también llamó mucho la atención a nivel nacional fue el de Latavious Williams (actualmente jugador del FIATC Joventut), quien tras comprometerse con Josh Pastner en la universidad de Memphis tuvo que retractarse tras no lograr superar el examen de acceso a la universidad, acabando participando en la D-League durante un año para poder ser elegido en el draft de rookies de la NBA.

Esta férrea unión existente en el gobierno norteamericano entre potencial académico y potencial deportivo es una de las razones por la que muchos chicos no son capaces de aspirar a estudiar en las universidades más deseadas del país para poder labrarse un buen futuro profesional en la NBA, bien sea por la falta de becas deportivas que tiene asignadas cada universidad, o porque el equipo técnico de la universidad no haya considerado la adición de esos jugadores debido a su potencial deportivo o a su actitud personal de cara a sus respectivos programas universitarios. Menciones aparte merecen aquellos jugadores que deciden escoger su destino universitario dependiendo del estado económico familiar o de la distancia existente entre la propia universidad y su residencia familiar.

Indistintamente, a lo largo de la historia de la NBA hemos podido conocer casos realmente excepcionales y curiosos de jugadores que destacan -o han destacado- de manera muy importante en la NBA pero que, sin embargo, proceden de muy humildes universidades o de programas universitarios donde el baloncesto no es el deporte predominante; o, simplemente, las propias competiciones deportivas no son uno de los principales focos de atención de la universidad.

Chapter I - At the beginning...

Dos de estos casos son dos de las grandes leyendas del baloncesto céltico: Bob Cousy y Bill Russell.

Cousy, hijo de inmigrantes franceses, tuvo que subsistir y salir adelante junto a su padre -taxista- durante la crisis económica de los años 30 en New York. Pese a una infancia difícil (problemas económicos, racismo, fallecimiento de su madre...), el baloncesto fue poco a poco entrando en su vida hasta el punto de llegar a ser reconocido en sus últimos años de High School en la costa este. Fue reclutado por la universidad de Boston College, pero acabó declinando la oferta al no disponer de suficientes dormitorios libres, acabando jugando en una desconocida universidad del estado de Massachussetts: Holy Cross. En los Crusaders, Cousy comenzó pronto a despuntar como una maravilla del baloncesto; no sólo llamaba la atención por la manera en la que manejaba el balón con ambas manos, sino la capacidad de control y de pases que realizaba con ellas, algo totalmente novedoso en aquella época. Su entereza y su potencial llevó a los Crusaders al título nacional en 1947. Desde entonces -pese a que también llevó a su equipo al año siguiente a la Final Four- los Crusaders no han pasado de pequeñas presencias en el NCAA Tournament y en el NIT.

Por su parte, Bill Russell tuvo un inicio en el baloncesto un tanto más tormentoso, ya que pese a disponer de buenas condiciones físicas para el deporte, no acababa de entender del todo el juego. En High School, incluso, fue cortado dos años consecutivos del equipo de baloncesto. Sus irregulares actuaciones no acabaron de llamar la atención de los ojeadores de los grandes programas de baloncesto universitario. Un día, un ojeador de la universidad de San Francisco, le vio en un encuentro amistoso de High School, ofreciéndole finalmente una beca tras observar en él muy buenas aptitudes anotadoras, pese a que renqueaba en muchos aspectos. Estas debilidades Russell las fue corrigiendo durante su primera etapa en los Dons bajo la supervisión de Phil Woolpert, entrenador caracterizado por sus fuertes conceptos defensivos y del juego interior, skills que a Russell le venían al dedo para mejorar individualmente. La mejora de Russell fue inmediata, y colosal. Lideró a los Dons por primera vez en su historia al NCAA Tournament en 1955, donde resultaron campeones nacionales, al igual que en 1956, estableciendo además un récord histórico de 55 victorias consecutivas.

Otra de las grandes leyendas del baloncesto norteamericano que no tuvo la fortuna de aterrizar en uno de los potentes programas universitarios del país fue el alero Elgin Baylor. El jugador, leyenda de los Minneapolis -y más tarde Los Angeles- Lakers, no fue capaz de superar el examen de acceso a la universidad a la primera y tuvo que esperar a que un amigo suyo le ofreciese una beca en la universidad de Idaho para poder incluirle tanto en los equipos de football como de baloncesto. Sin embargo, un año más tarde, la universidad despidió al entrenador jefe del equipo de baloncesto y restringió las becas deportivas, acabando con Baylor fuera de la universidad al no disponer de ella. Éste encontró finalmente acomodo en la universidad de Seattle, donde jugó para los actuales Redhawks durante sus dos últimos años de presencia universitaria. Liderando al equipo, Baylor llevó a los entonces Chieftains a la final universitaria de 1958, cayendo derrotados en la final ante la universidad de Kentucky.

Durante la década de los 60 encontramos también muchos casos de leyendas universitarias, Hall of Famers incluso, que comenzaron su andadura en el baloncesto universitario en programas de baloncesto totalmente desconocidos o sin mucha fama a nivel baloncestístico. Algunos de estos nombres formaron parte de la mejor época de los New York Knicks en la NBA durante estos años, y una de las más importantes del equipo de la Gran Manzana durante toda su historia. Hablamos de jugadores de la talla de Dave DeBusschere, Walt Frazier o Willis Reed.

DeBusschere, natural de Detroit, fue seleccionado por los propios Pistons en su elección territorial del draft de 1962 después de llevar al equipo de su ciudad, los Detroit Titans, por primera vez al NCAA Tournament en su historia, pese a que cayeron en primera ronda ante la universidad de Western Kentucky.

Reed por su parte, no llegó siquiera a pisar la NCAA, disputando su etapa universitaria en la NAIA al frente de los Tigers de la universidad de Grambling State, una universidad que históricamente se ha caracterizado por albergar alumnos de raza negra. En los Tigers, el ala-pívot estableció récords históricos, liderando las clasificaciones históricas de anotación con 2.280 puntos y promediando en su último año más de 26 puntos y 21 rebotes de media, llevando a Grambling State al título nacional de la NAIA.
El base Walt Frazier estuvo algo más indeciso a la hora de decidir su futuro. Pese a jugar en High School a béisbol y football, el jugador se decantó finalmente por el baloncesto en la universidad, pese a que incluso dispuso de una beca para jugar a football. Frazier atendió finalmente a la universidad de Southern Illinois, entonces en la Division II de la NCAA, para jugar para los Salukis, donde encabezó al equipo al título del NIT en 1967. Dos años después, ya sin Frazier, los Salukis competirían ya en Division I, hasta el día de hoy.

Otros dos de los más grandes jugadores de esta década de los 60 -y también de la historia de la NBA- son Earl 'The Pearl' Monroe y Nate Thurmond, y sus caminos también comenzaron en universidades sin un prestigio muy destacado a nivel de baloncesto.

Monroe, una estrella del playground de Philadelphia, no alcanzó realmente su fama a nivel nacional hasta su último año de universidad en los Rams de Winston-Salem State, una humilde universidad del estado de North Carolina perteneciente a la NCAA Division II. En este último año, Monroe lideró a su equipo al campeonato nacional promediando más de 40 puntos por partido, siendo la primera universidad históricamente de raza negra en lograr dicho título, sumando 31 victorias por una única derrota.

Thurmond por su parte, comenzó su trayectoria baloncestística en High School compartiendo equipo con otra estrella en alza, Gus Johnson, y pese a que recibió una importante beca de la universidad de Ohio State -la universidad más potente por entonces dentro de su Ohio natal- decidió declinarla para no coincidir en el equipo con Jerry Lucas, otra de las estrellas emergentes de todo el país de esa época. Finalmente aceptó el ofrecimiento de la humilde Bowling Green, también en el estado de Ohio, llegando con los Falcons hasta el Sweet Sixteen del NCAA Tournament en 1963, su mayor proeza hasta la fecha. Seis años más tarde volverían a repetir presencia en el torneo final, pero desde entonces no han vuelto a éste.

Dos de los grandes centers de los 70, Bob Lanier y Artis Gilmore, también comenzaron sus andaduras en el baloncesto desde lo más bajo. Lanier, todo un número uno del draft, no quiso irse más allá de su New York natal y asistió a la universidad de St. Bonaventure, un college privado ubicado en Allegany sin mucha tradición deportiva, y menos aún baloncestística. Lanier alcanzó en 1970 el mayor hito de la universidad al llegar a la Final Four del NCAA Tournament, siendo derrotado en semifinales precisamente ante Artis Gilmore y sus Dolphins de la universidad de Jacksonville. Gilmore comenzó su carrera en 1967 en los Runnin' Bulldogs de Gardner-Webb, un college privado de North Carolina, pero dos años más tarde volvió a su Florida natal para enrrolarse en los Dolphins de la universidad de Jacksonville, donde tras dejar atrás en semifinales a los Bonnies de Bob Lanier cayeron derrotados en la final nacional ante la universidad de UCLA de John Wooden. Pese a sólo disputar dos años en los Dolphins, Gilmore se convirtió en el líder histórico de la universidad en rebotes, tapones y tiros de campo.

De los 70, y también principio de los 80, no es posible irnos sin nombrar también a dos jugadores de la talla de Robert Parish y George Gervin, quienes también comenzaron su trayectoria en el baloncesto en universidades poco conocidas, incluso en los propios Estados Unidos.

Conocido fue sobretodo el caso de la que sería futura leyenda de los Celtics, y que acabó causando un importante revuelo nacional. En 1965, Parish decidía inscribirse en la universidad de Centenary, ubicada en el estado de Louisiana, y justamente ese año la NCAA decidía poner en práctica una regla mediante la cual los jugadores freshmen debían de tener un mínimo de nota durante la secundaria y en la prueba de acceso para ser elegibles en la universidad. Sin embargo, Parish realizó una prueba que no cumplía con los estándares fijados por la NCAA, por lo que la universidad de Centenary, al ver esta prueba del futuro jugador, 'convirtió' sus calificaciones a unas que siguieran los patrones marcados por la NCAA. La institución universitaria, al enterarse de las acciones tomadas a cabo por Centenary, decidió imponer una fuerte sanción a éstos (sanción sin precedentes hasta el día de hoy) mediante la cual la NCAA investigaría a fondo el reclutamiento de la universidad en todos sus deportes durante los seis años posteriores, se les impediría jugar durante ese período cualquier tipo de post-temporada y sus resultados y estadísticas semanales fueron excluídas de las guías y publicaciones escritas de la NCAA. Poco tiempo después de su decisión, la NCAA anuló esta regla, pero se negó a hacer visible a la universidad en todas sus publicaciones durante esos 6 años.

Más apaciguada fue la trayectoria de Iceman en la liga universitaria, donde militó para los Eagles de la universidad de Eastern Michigan, donde fue capaz de llevarlos hasta la Final Four de la NCAA College Division de 1972.

Sin embargo, es imposible irnos de esta década sin señalar a uno de los más grandes jugadores que ha dado este deporte en Estados Unidos y que, como los anteriores, comenzó su grandeza desde lo más bajo. Hablamos de un mito como Larry Bird.

El baloncesto fue la vía de escape perfecta para él, debido a los continuos problemas económicos que atravesaba su familia y a las incesantes disputas familiares existentes entre su madre y su padre, alcohólico y con estrés post-traumático tras servir en el ejército, lo que le llevó a éste a suicidarse cuando Larry contaba sólo con 18 años.

El talentoso alero de Indiana comenzó su carrera en el Springs Valley High School, donde su facilidad para la anotación le llevó a ser el máximo anotador de la histora de su instituto, el cual llevó a la mítica universidad de Indiana a fijarse en él. Sin embargo, Bird acabó rechazando la proposición de los Hoosiers debido a que la universidad de Indiana le parecía una institución extremadamente compleja y con un número extremadamente alto de alumnos, algo a lo que -según reconoció en entrevistas posteriores- aún no estaba mentalmente preparado. Decidió finalmente formar parte de los Sycamores de Indiana State, en contra de los deseos de su madre, una universidad pública ubicada en Terre Haute cuyo programa de baloncesto jamás había logrado participar en el NCAA Tournament.

Todo eso cambió con la llegada de Larry. En sus tres años en la universidad, Bird llevó al programa de los Sycamores a jugar cada año post-temporada, disputando el NIT en sus dos primeros años (donde no llegó más allá de la segunda ronda) y jugando por primera vez en su historia el NCAA Tournament en 1979. En esa mítica temporada, los Sycamores llegaron al Madness sin conocer la derrota con 29 victorias consecutivas y sólo los Michigan State Spartans liderados por Magic Johnson fueron capaces de derrotar a estos Sycamores en la mismísima final de la NCAA en un inmenso duelo entre el propio Magic y Larry Bird. El céltico firmó 19 puntos, 13 rebotes y 5 robos de balón, mientras que Magic consiguió 24 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias. Éste fue el inicio de su portentosa rivalidad en la NBA años después.

El segundo capítulo del artículo, referente a jugadores posteriores a la década de los 80, lo publicaré otro día.

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